Nuevas habilidades
Esta última semana he conseguido dos grandes logros. Primero, hacer pedorretas, elemento fundamental de comunicación (especialmente con la abuela); segundo, darme la vuelta (aún no sé para qué puede servir, pero tal vez me sea útil como medio de locomoción, por de pronto, ya puedo rodar por la cama).
Utilidad
Ya he descubierto para que sirven las manos: para coger cosas. También he descubierto para qué sirven las cosas: para meterlas en la boca.
Elevadas aspiraciones
Ya soy capaz de levantar las piernas y los brazos, la cabeza y el culito. En cuanto consiga coordinarlos, podré volar... (Por el momento, me conformo con lanzar por los aires las sábanas a base de patadas.)
¡Dientes!
Están ahí dentro, no se ven, pero todo indica que son una amenaza inminente. Babear se ha convertido en mi actividad favorita. Necesito morder... lo que sea. Me han regalado un mordedor, pero se resiste, aún no soy capaz de coordinar mis dos manos para llevármelo a la boca, y eso que dedico varias horas diarias a practicar.
Cinco deditos...
He descubierto que mis manitas son muy útiles, pero antes necesito conocerlas un poco mejor. En primer lugar, estoy contando los dedos: son cinco (en cada mano), ni muchos ni pocos, no está mal. También estoy investigando sus propiedades, especialmente su sabor; no son un plato especialmente exquisito, pero como aperitivo tienen un pase. Sin embargo mis papás no aprueban mi iniciativa científica y me quitan las manos de la boca cada vez que pasan por delante. Poco a poco voy tomando conciencia de mi situación en el mundo: ¡soy una incomprendida!
Vacaciones, regalos...
Ya somos una familia convencional: comienzan las vacaciones escolares y ¡todos al coche! Aunque yo abulto poco, mis accesorios casi no caben en el coche del abuelo, así que al final papá tiene que llevar en el regazo su propia maleta. Destino: casa de los abuelos. Aquello es como un palacio (cuatro habitaciones, dos baños, cocina, salón-comedor, terraza acristalada... ¡ascensor!), con tantas habitaciones que casi te pierdes (de hecho, pasaron casi tres días hasta que nos cruzamos con el tío Álvaro por el pasillo). Allí nos esperaban varias sorpresas, aparte de una montaña de turrón que papá ha tenido que administrar durante las dos semanas, he descubierto la existencia de unos seres extraños, que unos llaman papá noel y otros reyes magos (como la santísima trinidad: uno y tres al mismo tiempo), que dejan regalos. Lo cierto es que desde que nací los regalos me llegan constantemente, pero parece ser que cuando creces un poco más los regalos se concentran en fechas señaladas: cumpleaños y navidad (creo que me van a gustar las navidades). Este primer año, como es común entre los niños, los regalos han sido de dos clases: ropa (para sustituir toda la que encoge con cada lavado) y juguetes (aún no sé para qué sirven, pero prometo investigarlo).
Comilonas pre-navidad
Las navidades en España son muy largas: empiezan a primeros a diciembre, con las comilonas de empresa, y duran hasta finales de enero, cuando se termina la digestión (de las rebajas y de los polvorones). Este año, por supuesto, me ha tocado hacer los honores en todas las celebraciones: para empezar, las comilonas, con los amigotes de papá de lingüística y con los amigotes de papá de arquitectura (yo no sé de dónde saca el tiempo para tantos amigotes). Allí nos ha llevado a mamá y a mí, que, por el momento, vamos juntas a todas partes. En general, se trata de gente maja (aunque un poco rara y, algunos, un poco torpes a la hora de coger bebés en brazos... ¡es que son jóvenes!) En cuanto a la comida, la verdad es que yo siempre he tomado el menú infantil, así que no puedo decir mucho al respecto, sólo que la curva de la felicidad de papá por fin se está recuperando después del parto.
Vacunas, vecinas y vida social
Mi primer día enfermita, con molestias por culpa de las vacunas. Teníais que haber visto como gritaba cuando me pinchaban (y cómo lloraba mamá). Después del mediodía estaba yo bastante inquieta, era una sensación nueva para mí, así que... ¿sabéis que he hecho? Efectivamente: ¡llorar! Mis papis me han drogado para que me callase y lo cierto es que lo han conseguido: toda la tarde durmiendo cura a cualquiera, si no que se lo pregunten a papá.
Me acaban de decir que esta tarde me ha visitado mi vecina Nati, pero reconozco que ni me he enterado. ¡Es que tengo una vida social muy intensa! Por ejemplo, ayer estuve de visita en casa de unas viejas amigas de mamá (y además, monjitas). Había unos niños muy brutos que no hacían más que agobiarme... ¡con cuatro años y ya empiezan a perseguir a las chicas! En fin, que me voy de puente, al campo, a ver si desconecto un poco...
Actualización estadística
Visita a la enfermera-carnicera. Nuevas marcas personales: 4,700 kilogramos de peso y 54 centímetros de estatura. Vacunas inyectadas: Difteria, Tétanos, Tos ferina (acelular), H. influenza b, Polio inactiva, Meningococo C, Hepatitis B y (por obra y gracia de Espe la radical) Neumococo. Con esto y un bizcocho hasta después del día ocho (de enero).
Frustración literaria
Acabo de enterarme que la gente entra en este blog sólo para ver las fotos... qué decepción, yo aquí esforzándome por llenar de sentido mi vida y la gente sólo quiere ver mi «carita de ángel». ¡Qué superficialidad! Así va el mundo...
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